Una vez más un guiño a la realidad.
Hoy os quiero hablar de Fernando. Es un personaje que, confieso, me fue ganando poco a poco. Al final quedé "encariñada" con él. Por un lado, me ofreció muchas posibilidades en la subtrama de "respiro post mortem" y por otra parte, me hizo sufrir su doble vida, sus complicadas decisiones y las consecuencias de sus graves errores. Sin duda le tocó una vida dura, como a otras muchas personas que se ven ante la tesitura de elegir entre tener una familia y vivir la paternidad o el amor pasional de toda una vida. Cruel, muy cruel decisión. Peor o mejor, decidió...y nada salió como esperaba.
En la imagen aparece un bebé que duerme plácidamente sobre su pecho. Sin embargo nada es lo que parece. Si lo has leído entenderás a qué me refiero. En la vida real este dibujo era de mi propia hija en su piel con piel sobre "papá". Lo tomé prestado para que Eva, una de mis protagonistas, pudiese vivir ese instante mágico antes de despedirse.
Es una de las escenas más emocionantes que he vivido como espectadora de esta vida. Desapareció el dolor de la cesárea, el cansancio, la inseguridad...observar esa carita fuera de mi vientre me hizo la mujer más feliz del mundo. Me sentí fuerte para cuidarla y protegerla de todo lo que pudiese dañarla. Es la ternura personificada.
Fernando aprendió algo, tarde para su vida en nuestro mundo pero a tiempo para abrir un nuevo ciclo: "sigue adelante, siempre".
Pase lo que pase, se puede seguir luchando por algo que te haga avanzar. Siempre hay algo por lo que luchar.
Luchemos todos, hagámoslo con fuerza porque merece la pena.


