miércoles, 29 de abril de 2020

4° curiosidad MUV: El abrazo

Hoy os voy a hablar de aquellas cosas que se asemejan a mi realidad personal dentro de la ficción de la novela. El único relato que contiene algunos detalles que se pueden asociar a mi vida es el de "el abrazo". 
Venancio me pareció un nombre poco común, con carácter e interesante, el cual asociaba a alguien a quien admiraba y apreciaba. Me pareció ideal tenerle ese detalle en su memoria. Se trata de mi profesor de dibujo y escultura en bronce Venancio Blanco. Algo más que un gran escultor y mucho más que una excelente persona.
El personaje nace de algunos recuerdos de mi juventud en que la vergüenza y el pudor no me dejaron disfrutar de aquellos primeros amores que con tanta intensidad revolucionan nuestro mundo de la adolescencia.
Cuando el personaje madura, y con él su relación con Clara, hay detalles, como ese "ya estoy aquí", que también son reales. Pero lo más intenso, y que reproducí con viveza, fue la degeneración de sus últimos días en el entorno familiar. La visita de la enfermera que daba aliento, informacion y apoyo moral a Clara reproduce a las que hacía la enfermera de cuidados paliativos de Priego a mi padre (a la cual, como ella ya sabe, le estoy eternamente agradecida). Nos dijo que él, pese a su estado, nos podía oír y sentir y desde entonces nos deleitamos  a su lado hablándole sin palabras y acariciándole con ternura para que supiera que estábamos cerca, haciendo todo lo que estaba en nuestras manos por facilitarle la muerte digna que él merecía pese a su enfermedad.
También es cierto que, tras su muerte, un día me senté sobre una gran piedra y observé a lo lejos cómo las sombras se tragaban la Tiñosa. Allí nacieron las reflexiones que Clara tiene con Samuel al final del relato. Allí tras las lágrimas llegaron las sonrisas. Me quedé con sus bromas, con sus enseñanzas, con las experiencias y la formación que me regaló, con su ejemplo, con su bondad, sus valores y su modo de dar amor.
Allí lo dejé ir y después, satisfecha... me marché yo.

jueves, 16 de abril de 2020

3° curiosidad MUV: el principio.

En esta ocasión no te contaré una historia real, solo dejaré una pregunta en el aire para que la pienses pero no respondas (recuerda que no debemos hacer spoiler)

¿Has encontrado alguna similitud al principio de cada capítulo que tan solo se descubre al final? 

Si quieres puedes usar el correo merecerunavida@gmail.com para contactarme y hablar en privado sobre la curiosa coincidencia que se da en todos ellos. 

Gracias por leerme, por participar y por estar ahí. Te envío todo mi cariño.

sábado, 11 de abril de 2020

2ª curiosidad MUV: ANDEX

En esta ocasión os quiero hablar de una experiencia que marcó mi vida para siempre, e influyó en el segundo relato que conforma mi primera novela Merecer una vida. Se trata de Martina Presidenta, un relato que da protagonismo al mundo infantil y las lecciones de vida que los más pequeños llegan a darnos en los momentos más duros. La vida es la que es para todos, sin distinción de edad. Por lo tanto, el enfoque que le demos a ésta depende de cada uno de nosotros. Hay muchísimo de lo que aprender de los niños...

Por entonces estudiaba Bellas Artes en Sevilla. Un día cualquiera, a principios de curso, me llama la atención un cartel, de entre tantos otros más estridentes sobre conciertos, talleres, anuncios... entre los ascensores que lucía así:  "¿Quieres ser voluntario?". No sé por qué aquello se me quedó clavado en el subconsciente. Yo ya había hecho otros voluntariados en Priego y me habían gustado pero ese pedía seriedad y compromiso por lo que a priori descarté participar. Pensé... "si fuera unos días vale, pero todo el curso... ¿qué haré cuando lleguen los exámenes y los agobios?". 

Pasaron unos días, y volví a fijarme en que ya lo habían roto pero aún quedaba una esquina con el teléfono y la dirección del organizador del evento. Lo consideré una señal y lo primero que hice fue informarme sobre la asociación que lo solicitaba. Se trataba de ANDEX, una asociación de padres y madres con niños enfermos de cáncer en el hospital Virgen del Rocío muy bien organizada. Me dio mucha curiosidad. Noté que filtraban en primer lugar con unas jornadas de concienciación y formación gratuitas de entrada libre. En ese caso no tenía nada que perder y seguro que aprendería mucho así que asistí sin compromiso alguno para continuar pero... una vez probé, ya no lo pude dejar. 

Nos hablaron de que el 72% de los casos, por entonces, superaba la enfermedad. De esto hará poco menos de veinte años. Ahora, según tengo entendido, está por encima del 80%. 
Los proyectos era preciosos pero ya intuía que iba a ser duro lidiar con aquella realidad día tras día pues sabía de mi especial sensibilidad y empatía. 

Intentaba organizar los estudios y labores domésticas semanalmente para poder tomarme esa tarde libre para mí. Cada Jueves por la tarde, después de comer, me duchaba a conciencia, me ponía ropa recién lavada, cruzaba Sevilla entera en autobús para no sudar ni contaminar mi indumentaria y llegaba a la planta de oncología con mi acreditación. Con ilusión todo se puede y a mí me rebozaba.

El primer día busqué a la coordinadora de grupo. Ella nos decía en qué habitaciones podíamos entrar  y en cuáles no. Al ser la primera toma de contacto intentaban que los principiantes pasáramos la tarde con niños recién ingresados, que aún estaban fuertes y con ganas. No fue muy distinto a pasar la tarde haciendo de canguro. 
Mi primera niña tenía 3 años y se llamaba Manuela. Aparentemente era una niña sana. No se le notaba enferma en nada, aun así no se nos permitía preguntar por ese tema. Era viva y alegre. Participaba en todo lo que le proponía y se reía con facilidad. En seguida me conquistó. 
Su madre aprovechó nuestra compañía para acercarse a casa a ducharse rápidamente y coger algunas cosillas que se le habían quedado atrás por lo precipitado que había sido todo. Se mostró enormemente agradecida y emocionada con nuestra labor. Estaba sola y sacando fuerzas de donde no sabía que la tenía.

Cada vez que cambiabas de actividad o de niño con el que jugar había que lavarse muy bien las manos y dejar el juego o material muy bien desinfectado otra vez en su lugar. Se me pasó la tarde rapidísimo. 

Volví a casa tan reconfortada y con una sonrisa tan grande que casi no quepo en el autobús. Es una sensación indescriptible. Te llena tanto que no se puede explicar lo mucho que merece la pena probar a colaborar en voluntariados de este tipo. Cuando llegué a mi piso estaba eufórica. Deseaba cada jueves noche que llegara el jueves de la semana siguiente para comenzar de nuevo mi ritual de preparación. 

Cada tarde era una sorpresa, casi siempre caras nuevas, proyectos originales, ideas creativas, maravillosos compañeros, y padres que volvían a decirte lo mucho que necesitaban ese ratito para salir a pasear a la calle, llamar por teléfono a familiares, tomar un café o buscar un bocadillo. Al principio yo solo pensaba en lo bien que se sentirían los niños cuando fuésemos a amenizar sus tardes. No pensé en lo duro que también estaba siendo para esos padres, cada uno en sus circunstancias, por lo que escuchar lo mucho que les estaba ayudando, mientras yo simplemente disfrutaba con sus hijos un rato, me hacía sentir muy feliz. 
El tiempo que colaboras en un voluntariado como éste, los problemas se relativizan, de pronto te sientes bien contigo mismo y parece que todo en la vida tiene más sentido. Es extraordinario y muy recomendable.

Sin embargo, muy a mi pesar, no puedo contaros que todo fuera maravilloso. No hay luz sin tinieblas.

No recuerdo cuanto tiempo hizo hasta que pude volver a ver a Manuela. 
Esa tarde la psicóloga me pidió que la acompañara. Me dijo, "Pasa pero no te puedes quedar, saluda y nos marchamos en seguida". 

Cuando entré, efectivamente allí estaba Manuela y sus padres con un terapeuta. No había vuelto a verla desde mi primer día. Todos me miraron y la niña abrió unos enormes ojos felices y exclamó: "Mira, Rosa, ¡Mira que he aprendido a hacer!". 
Me quedé petrificada porque no sabía cómo debía actuar. La niña estaba intentando darse la vuelta sola en la cama con una sola pierna. "¡Muy bien!" le dije intentando parecer natural y alegre, "estoy orgullosa de ti, preciosa".
Su madre se acercó y me dijo: "Gracias, es que me había preguntado por ti varias veces ya". La psicóloga intervino para lograr una despedida exprés con gran amabilidad y una vez fuera me recordó: "No os cojáis cariño, que luego es peor". Era parte de las normas. Yo lo sabía pero era lo más complicado de cumplir. 

Ya no la volví a ver más. 

Siempre he querido pensar que Manuela es ahora una guapísima universitaria que siempre podrá contar su historia como una superviviente del 72% ganador contra el cáncer. Al igual que cada niño que conocí aquel año allí. Sé que no es así pero tener fe y confianza en la sanidad pública ayuda a sobrellevarlo pues me consta que hay grandes profesionales y voluntarios contribuyendo día a día a ello.
Me encantaría saber que esa chica ha llegado a leer esto y que, aunque no se acuerde de mí en concreto, si se acuerda de cuando su madre le contaba nuestra labor una vez se hizo más mayor.

Me consta que esta asociación sigue existiendo y creciendo hoy día. 
Mi más sincera enhorabuena y cariño para todos lo que lo hacen posible. En especial al 100% de los niños, padres y madres que pasan por allí sin más remedio. Deben saber que lo que se vive allí con los voluntarios en un sentimiento recíproco que se retroalimenta y crece cada día. Una cadena indestructible de amor a ciegas del que no te puedes olvidar, aunque no haya caras en el recuerdo.

Tuve que dejarlo el curso siguiente, con todo el dolor de mi corazón, por temas de los que os hablaré en otras publicaciones más adelante. Pero esos son parte de mis recuerdos. Los que forman parte de mí. Los que me hacen intentar defender los derechos de los niños, quererlos, dibujarlos, escribir sobre ellos... así soy yo y así lo viví.

Espero que estas líneas os hagan sentir cosas bellas y os ayuden a entender la importancia de escuchar a nuestros niños, enseñarles a sentir y gestionar sus emociones. Forman parte de esta bella y cruel realidad al igual que nuestros Benito y Martina, protagonistas del relato.

Si es así házmelo saber por Facebook, en los comentarios de blogger o por el correo electrónico, si prefieres tener unas palabras más privadas. Así sabré que mis publicaciones son útiles y seguiré compartiéndolas con vosotros.

Gracias y un gran abrazo confinado ;)









martes, 7 de abril de 2020

1º Curiosidad MUV: síncope




Si no has leído el libro te recomiendo hacerlo antes de leer este texto. Cualquier argumento, por mucho que yo sea la autora, no debería influir en tus propias creencias. Este libro intenta dar espacio a cualquier tipo de ideologías y reivindicar el respeto hacia todas ellas para facilitar la vida en comunidad. 
A continuación contaré mi experiencia personal y lo que opino acerca de estas temáticas (tan válida mi opinión como cualquier otra porque no son demostrables, y porque la vida me ha enseñado que no causan el mismo efecto en las personas). Hay quien no las tolera pero también quien necesita creer en ello para vivir con fortaleza. Entre medias siempre hay un amplio abanico de grises y colores que conforman nuestra sociedad y enriquece el pensamiento humano. Si quieres conocerla vamos allá...

"Respiro post morten" surgió de una historia real, sobre el subconsciente; sin embargo, se basa en un hecho que considero totalmente ficticio (a mi modo de ver): El intercambio de almas.

Hace unos 4 años conseguí por primera vez que me dejaran donar sangre en Priego, cosa que me hacía mucha ilusión, aunque tenía la tensión al límite. Yo siempre suelo tenerla baja y habíamos llegado por los pelos aquel día, lo que consideré una señal para intentarlo pese a las dudas. Me equivoqué totalmente y aún me siento avergonzada por esa falta de sensatez.
Me desvanecí cuando tenía la bolsa de sangre casi llena, lo que hizo que las pobres criaturas, que estaban recogiendo todo el material para irse de nuevo a Córdoba, se tuviesen que quedar hasta las 1.45 de la madrugada estabilizándome. Un desastre. (Desde aquí les vuelvo a pedir perdón si me leen).

Lo que pasó en ese tiempo se puede contar desde dos perspectivas bastante diferentes. 

La exterior:

Rosa se pone blanca, se desmaya. No responde. Le bajan la cabeza, se le levantan los pies. Se le hace aire muy despacito. Sigue sin recuperar la conciencia. Todos acuden a ver qué pasa. Por suerte antes de los dos minutos, en los que ya sería preocupante, Rosa comienza a dar signos de recuperación. Primero mueve los dedos y poco después abre los ojos. Está algo aturdida. No puede controlar las tiriteras. Tarda en poder hablar. Se le inyecta calcio y se le dan los cuidados propios de un cuadro de síncope vasovagal. Le piden hasta dos veces que intente levantarse poco a poco pero vuelve a marearse por lo que toca pedir bocadillos calientes para cenar allí todo el personal. Su novio empieza también a recuperarse del mal rato pero se siente mal por los sanitarios. Se portan de lujo. Sabe que ya le ha pasado más veces y allí está bien atendida pero no quiere ni pensar en lo mal que se siente ella hasta que todo vuelve realmente a la normalidad. Son horas horrorosas. Rosa comienza a sentirse mejor y muy despacito siente tener las fuerzas necesarias para compartir su reciente vivencia.

La interior:

Rosa está recostada en la camilla y se siente bien porque por fin está cumpliendo algo que llevaba años en su lista de cosas pendientes. Está relajada y de pronto percibe los síntomas que presagian que le va a volver a suceder lo que ella ya conoce. No le da tiempo a avisar ni a reaccionar. De repente se ha dormido profundamente. Tiene la sensación de llevar en su cama horas y horas en la más absoluta serenidad. Está soñando cosas bellísimas. Según lo vive, todo sucede despacio, muy lentamente. (Aunque en la vida real sea un minuto y medio para ella es como si llevara horas descansando). Está en una playa desierta. Quieta. Cierra los ojos y abre las palmas de las manos para disfrutar la brisa marina en su plenitud. No quiere que esa experiencia de paz máxima se termine nunca. No se acuerda que está donando sangre, ni que se ha desmayado, ni que su marido está a su lado. Solo siente que está feliz y que se quiere quedar allí un ratito más, quizás toda la eternidad. Pero repentinamente comienza a mezclar mundos. Está en la playa pero siente paralelamente que le golpean suavemente la cara para hacerla reaccionar. Quiere amarrarse de algún modo a ese lugar paradisíaco pero no la dejan. Hasta que de pronto un clic la trae al mundo real. Hila que aquello era un sueño y recuerda que estaba en aquella habitación con su esposo. "Mierda" piensa para sí,"ha vuelto a suceder. ¡Nooooo!" Se siente fatal porque no solo ha sido un gran choque emocional pasar de un lado a otro de su consciencia tan drásticamente, si no que además... la realidad es bastante más dura. Sabe que hay gente que debería haberse ido ya a su casa y sigue allí por su culpa, ha hecho pasarlo muy mal a quien más quiere en el mundo y encima su cuerpo no le responde para comunicarse, Se siente fatal físicamente y sabe que esa sensación no desaparecerá en horas. Le resulta interminable, el tiempo que pasa desde que los oye hablar y siente cómo agitan su rostro hasta que puede hacer notar sus primeros signos de conciencia. Lo primero que empieza a dominar son sus dedos. Tiempo después abre los ojos y mueve la cabeza. Se alegra de que esa vez al menos no le hubiese fallado la vejiga. Siente que si intenta incorporarse todo el trabajo se habrá ido al garete. Le duele todo pero sigue animándose a sí misma. Es lo único que tiene. Luego suceden repentinos cambios de sensación térmica y vibra sin parar. Intenta que sepan que ella está bien, tranquila, porque ya conoce los síntomas y el proceso. Pero su cuerpo no le responde. Creen que está demasiado nerviosa y que probablemente se trata de una persona "aprensiva". No sería la primera vez que se lo dirían pero no por eso la iban a hacer dudar de su fortaleza y seguridad aunque detesta que hagan ese tipo de prejuicios.
Finalmente se recupera y la mandan a casa a descansar.

Yo lo viví así, me dormí y soñé. Nada más. Pero la sensación de paz y felicidad plena que sentí me hizo reflexionar mucho durante esos días. Dicen que hay gente que ha tenido experiencias más allá de la muerte y yo por entonces tenía claro que eso no era posible. Pero ahora pienso que ese paso, esa transición ha de ser algo así como lo que sentí. Insisto, no creo que haya estado con un pie en el más allá pero sí creo que percibí algo parecido a lo que se debe de sentir y es por ello que no debe dar miedo morir.
La muerte no duele. Duele abandonar el cuerpo desgastado, enfermo o dañado que se vuelve inútil. Duele despedirse de quien se ama. Duele abandonar los sueños no cumplidos. Duele saber que no se ha aprovechado el tiempo. Duele el no haber hecho más de lo que podías por los que se quedan. Duele haber desperdiciado tu atención en lo que no la merecía. Duele el no haberse preparado a tiempo para morir viviendo como si eso nunca fuese a suceder.
Creo que cuando te vas a morir todo lo terrenal ya no tiene sentido y nada te ata a este mundo. Te sientes bien y quieres seguir adelante. Ahora sí creo en parte de esos testimonios. Creo que cuando mueres es cuando lo entiendes todo, no antes.

No obstante en mi novela hay mucha ficción sobre ese más allá transitorio pero de esto hablaremos en otra ocasión. Espero que hayas disfrutado la lectura.

Atrévete a opinar, a debatir, a compartir tu experiencia... todos nos enriqueceremos.
Espero que tengas un buen día y que no pase uno en que no merezcas esta dura y preciosa vida ;) Gracias.

miércoles, 1 de abril de 2020

Página Facebook MUV "Merecer una vida"

Hola a todos, en esta ocasión os invito a entrar en la página de Facebook MUV "Merecer una vida". En ella estaréis al día de todo lo relacionado con mi primera novela, los actos aplazados que retomaremos, publicaciones, juegos literarios, foros, curiosidades, etc.
Muchísimas gracias por formar parte de este proyecto y apoyar la literatura, de todo corazón.