Ahí os dejo hoy un regalo para todos aquellos hombres y mujeres que dieron la importancia que realmente tiene a una cicatriz.
Solo os pido que compartáis el enlace desde esta página para que todo el que llegue a esta historia pueda darme su opinión aquí. Muchísimas gracias por participar en este acto comunicativo de sentimientos de corazón a corazón.
UN SÁBADO
Aquel sábado sus dedos empezaron a
acariciar mi mejilla.
Sabía que a continuación el sexo
sería inminente.
Llevábamos
dos días de contención física. Las mismas cuarenta y ocho horas en que mi
cabeza no paraba de darle vueltas a lo mismo ¿qué pasará cuando llegue el
momento? ¿Se lo debería de decir antes? ¿Y si esperamos hasta que nos
conozcamos un poco más? Todas las preguntas me llevaban a tener más y más dudas
sin acercarme en absoluto a lograr la confianza que me faltaba. Es por esto que
decidí dejarme llevar finalmente y por lo que mi cuerpo se volvió gelatina
llegado el momento.
Resolví devolverle mis intenciones
con un beso en la yema de sus dedos en cuanto éstos se atrevieron a llegar a
mis labios y cerré los ojos. Luego lo miré con decisión invitándolo a seguir.
Sus manos, ambas esta vez, se deslizaron por mis brazos, los alzó y levantó la
camiseta sin esfuerzo. No apartó su mirada en ningún momento, es como si nada
más de lo que hubiese más allá de mis iris tuviera la más mínima importancia. Pero
sí que la tenía, vaya si la tenía. Como me notó tensa paró. Retiró mi pelo de
la espalda dejándolo caer hacia los lados con delicadeza. Se notaba que tenía
experiencia, al parecer más que yo. Pero me encantó su ternura y su manera de
intentar tranquilizarme. Desabrochó el sujetador a la primera, sin mirar, me
quedé pasmada.
Ahora tocaba la prueba de fuego.
Se acercó a mí con el pecho
desnudo hasta que su torso quedó totalmente pegado al mío. No dejó de besarme el
cuello en ningún momento. No entendía que no pasara nada, era evidente que
debía haberse dado cuenta. Sus manos, de nuevo ambas, me acariciaron por
completo con total naturalidad y simetría. Solo un pezón, solo una mama, solo
un seno voluptuoso, joven, erguido y sonrosado junto a una considerable
cicatriz deformada, suave y pálida que no hace mucho salvó mi vida. Yo ya había
aprendido a aceptarla, a quererla, de otro modo jamás habría reunido las
fuerzas para verme semidesnuda delante de él. Pero ahora tocaba ver si estaba
preparada para verme frente a la reacción de los demás.
No se separó, no paró, no tenía
ninguna intención de hacerlo, pero justo antes de que me bajara los pantalones
cogí su cara y lo detuve. Me miró sorprendido.
─ ¿Voy demasiado
rápido?
─
No, lo estás
haciendo perfecto, pero…
─
¿Entonces?
No me salió la voz del cuerpo pero
mis ojos inevitablemente bajaron hasta mi bulto.
─ ¿Acaso no es mejor lo que está pasando entre
nosotros en estos momentos? ¿Qué importancia tiene? Anda, ven, disfruta de una
vez, hacía mucho que no sentía que el corazón se me va a salir del pecho. Me
tienes loco.
─
Espera,
¿es que no te ha impresionado nada? Yo creí que…
Su índice selló sutilmente la
estúpida boca que lo estaba echando todo a perder.
Al día siguiente, quedamos para
ver la última puesta de sol del año. Me senté entre sus piernas dándole la
espalda y me dejé caer mientas sus brazos se acomodaban a mi alrededor.
─ ¿Así
que creías que eras tú la que me había conquistado en el gimnasio? ─
Me susurró al oído mientras se producía el ocaso.
─
¿Es
que no fueron mis flores ni mis insinuaciones las que hicieron que te fijaras
en mí?
─
Yo
me fijé en ti antes de que supieras que tenías cáncer.
─
¿Cómo?─
Aquella confesión me pilló de improvisto.
─ ¿Ahora
entiendes lo absurdo de que te enclaustraras en casa para pasarlo todo sola? Me
fue imposible volver a encontrarte, no sabía dónde vivías. Todos los sábados
volví al mismo bar donde nos vimos la primera noche. Si hubieses vuelto antes
me habrías tenido contigo todo este tiempo. No tendrías que haber estado sola.
Aquellas palabras me marcaron
brutalmente. Me revolvieron sentimientos de arrepentimiento y agradecimiento a
su vez.
─
Escúchame─
me dijo seguidamente apretándome un poquito más con dulzura, ─
¿sabes por qué me gusta tu preciosa cicatriz? Porque me recuerda que ahora estás
conmigo. Ya no hay excusas ni miedos. Lo que pasó… pasó. Así que déjalo ir de
una vez. Déjame tocar y gozar cada centímetro de tu piel porque fueron
demasiados sábados preguntándome dónde demonios estarías en esos momentos.
Por
mi cabeza pasaron como estrellas fugaces todos los sábados de tortura mental y
citas médicas, sábados de hospital, los sábados post-quimio, sábados post-
operatorio, sábados de depresión, sábados esperando en casa que creciera el
pelo sin quitarme el pijama, sábados vacíos, sábados perdidos, viva y ni un
solo sábado vivido.
Él
no sabía que realmente sí que fui yo la primera en quedar prendida de él. Fui a
aquel bar para conocerlo antes de enfrentarme a todo porque yo ya sabía lo que
me esperaba, aunque lo que no sabes nunca son las consecuencias. No lamentaba
haberle ahorrado las horas de hospital pero sí el tiempo en que me juré que no
volvería a quedar con un chico. Me sentí absurda por haber creído que nadie
podría hacerme el amor sin aquel pecho, por haber pensado que nunca más me
vería guapa ni atractiva. Pero luego recordé que llegó el día en que fui
valiente, compré flores, me arreglé y se las llevé al gimnasio.
Me giré, y lo abracé. Las palabras
“te quiero” dejaron de parecerme tan grandes pues era justo lo que sentía en
ese momento.
Que intenso y emotivo el relato... Precioso, cercano, triste y alegre a la vez.. Me ha llegado al alma... Gracias Rosa por compartir... 😃
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