lunes, 21 de octubre de 2019

UN SÁBADO: Microrrelato sobre el cáncer de mama.


Ahí os dejo hoy un regalo para todos aquellos hombres y mujeres que dieron la importancia que realmente tiene a una cicatriz. 
Solo os pido que compartáis el enlace desde esta página para que todo el que llegue a esta historia pueda darme su opinión aquí. Muchísimas gracias por participar en este acto comunicativo de sentimientos de corazón a corazón.

UN SÁBADO

Aquel sábado sus dedos empezaron a acariciar mi mejilla.
Sabía que a continuación el sexo sería inminente.

Llevábamos dos días de contención física. Las mismas cuarenta y ocho horas en que mi cabeza no paraba de darle vueltas a lo mismo ¿qué pasará cuando llegue el momento? ¿Se lo debería de decir antes? ¿Y si esperamos hasta que nos conozcamos un poco más? Todas las preguntas me llevaban a tener más y más dudas sin acercarme en absoluto a lograr la confianza que me faltaba. Es por esto que decidí dejarme llevar finalmente y por lo que mi cuerpo se volvió gelatina llegado el momento.

Resolví devolverle mis intenciones con un beso en la yema de sus dedos en cuanto éstos se atrevieron a llegar a mis labios y cerré los ojos. Luego lo miré con decisión invitándolo a seguir. Sus manos, ambas esta vez, se deslizaron por mis brazos, los alzó y levantó la camiseta sin esfuerzo. No apartó su mirada en ningún momento, es como si nada más de lo que hubiese más allá de mis iris tuviera la más mínima importancia. Pero sí que la tenía, vaya si la tenía. Como me notó tensa paró. Retiró mi pelo de la espalda dejándolo caer hacia los lados con delicadeza. Se notaba que tenía experiencia, al parecer más que yo. Pero me encantó su ternura y su manera de intentar tranquilizarme. Desabrochó el sujetador a la primera, sin mirar, me quedé pasmada.

Ahora tocaba la prueba de fuego.

Se acercó a mí con el pecho desnudo hasta que su torso quedó totalmente pegado al mío. No dejó de besarme el cuello en ningún momento. No entendía que no pasara nada, era evidente que debía haberse dado cuenta. Sus manos, de nuevo ambas, me acariciaron por completo con total naturalidad y simetría. Solo un pezón, solo una mama, solo un seno voluptuoso, joven, erguido y sonrosado junto a una considerable cicatriz deformada, suave y pálida que no hace mucho salvó mi vida. Yo ya había aprendido a aceptarla, a quererla, de otro modo jamás habría reunido las fuerzas para verme semidesnuda delante de él. Pero ahora tocaba ver si estaba preparada para verme frente a la reacción de los demás.

No se separó, no paró, no tenía ninguna intención de hacerlo, pero justo antes de que me bajara los pantalones cogí su cara y lo detuve. Me miró sorprendido.

     ¿Voy demasiado rápido?
      No, lo estás haciendo perfecto, pero…
      ¿Entonces?

No me salió la voz del cuerpo pero mis ojos inevitablemente bajaron hasta mi bulto.

    ¿Acaso no es mejor lo que está pasando entre nosotros en estos momentos? ¿Qué importancia tiene? Anda, ven, disfruta de una vez, hacía mucho que no sentía que el corazón se me va a salir del pecho. Me tienes loco.
      Espera, ¿es que no te ha impresionado nada? Yo creí que…

Su índice selló sutilmente la estúpida boca que lo estaba echando todo a perder.

Al día siguiente, quedamos para ver la última puesta de sol del año. Me senté entre sus piernas dándole la espalda y me dejé caer mientas sus brazos se acomodaban a mi alrededor.

    ¿Así que creías que eras tú la que me había conquistado en el gimnasio? Me susurró al oído mientras se producía el ocaso.
      ¿Es que no fueron mis flores ni mis insinuaciones las que hicieron que te fijaras en mí?
      Yo me fijé en ti antes de que supieras que tenías cáncer.
      ¿Cómo? Aquella confesión me pilló de improvisto.
  ¿Ahora entiendes lo absurdo de que te enclaustraras en casa para pasarlo todo sola? Me fue imposible volver a encontrarte, no sabía dónde vivías. Todos los sábados volví al mismo bar donde nos vimos la primera noche. Si hubieses vuelto antes me habrías tenido contigo todo este tiempo. No tendrías que haber estado sola.
Aquellas palabras me marcaron brutalmente. Me revolvieron sentimientos de arrepentimiento y agradecimiento a su vez.
      Escúchame me dijo seguidamente apretándome un poquito más con dulzura, ¿sabes por qué me gusta tu preciosa cicatriz? Porque me recuerda que ahora estás conmigo. Ya no hay excusas ni miedos. Lo que pasó… pasó. Así que déjalo ir de una vez. Déjame tocar y gozar cada centímetro de tu piel porque fueron demasiados sábados preguntándome dónde demonios estarías en esos momentos.

Por mi cabeza pasaron como estrellas fugaces todos los sábados de tortura mental y citas médicas, sábados de hospital, los sábados post-quimio, sábados post- operatorio, sábados de depresión, sábados esperando en casa que creciera el pelo sin quitarme el pijama, sábados vacíos, sábados perdidos, viva y ni un solo sábado vivido.

Él no sabía que realmente sí que fui yo la primera en quedar prendida de él. Fui a aquel bar para conocerlo antes de enfrentarme a todo porque yo ya sabía lo que me esperaba, aunque lo que no sabes nunca son las consecuencias. No lamentaba haberle ahorrado las horas de hospital pero sí el tiempo en que me juré que no volvería a quedar con un chico. Me sentí absurda por haber creído que nadie podría hacerme el amor sin aquel pecho, por haber pensado que nunca más me vería guapa ni atractiva. Pero luego recordé que llegó el día en que fui valiente, compré flores, me arreglé y se las llevé al gimnasio.

Me giré, y lo abracé. Las palabras “te quiero” dejaron de parecerme tan grandes pues era justo lo que sentía en ese momento.

1 comentario:

  1. Que intenso y emotivo el relato... Precioso, cercano, triste y alegre a la vez.. Me ha llegado al alma... Gracias Rosa por compartir... 😃

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